Qué hacer en Ávila capital. Ocho lugares para visitar en un día

Recorrer el recinto amurallado mejor conservado del mundo es una de las razones por las que escaparse a esta provincia española, he aquí otras siete cosas que hacer en Ávila

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985, la ciudad de Ávila merece recorrerse sin prisa, pero sin pausa; que solo tenemos un día para tanta maravilla. Por supuesto, la pregunta qué hacer en Ávila se responde inmediatamente con: recorrer su muralla, aunque ésta no lo es todo. 

A poco menos de una hora de Madrid, esta joya histórica es sinónimo de la perfecta escapada de domingo. Tanto dentro de la protección de esos muros medievales infranqueables como fuera de ellos, Ávila está repleta de tesoros. Estos son los ocho que sí o sí hay que descubrir en un día.

qué hacer en Ávila
Vistas desde el mirador de los Cuatro Postes © Ana María Pareja

Su recinto amurallado

Dos kilómetros y medio de perímetro (equivalente a 33 hectáreas), 87 torreones, 9 puertas, 2.000 almenas… Son algunas de las cifras de la muralla medieval mejor conservada del mundo, cuya construcción data del siglo XII. Levantada en roca caliza y con torres de más de tres metros de grosor, es un recinto amurallado realmente infranqueable y maravilloso

Actualmente pueden recorrerse 1,7 kilómetros de la muralla, desde los que las vistas de la sierra y del valle son inolvidables. El recorrido, cuyo precio general es de 5 euros, inicia en la Casa de las Carnicerías, desde el que se tiene una bella panorámica de la Catedral de Ávila. 

Tras recorrer –audio guía en mano para ir escuchando toda la fascinante historia– el mayor tramo de la muralla, hay que poner rumbo a la Puerta del Alcázar. Desde allí hay otro pequeño tramo de la muralla por el que vale la pena pasear.

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Catedral y muralla © Ana María Pareja

La Catedral de Ávila

Empotrada en la muralla como una especie de bastión defensivo, la Catedral de Ávila es el segundo tesoro que descubrir en Ávila. Considerada la primera catedral gótica de España, su edificio se asemeja más a una fortaleza o un castillo que a una gran iglesia. 

Aunque por dentro la dureza de la piedra se suaviza con el destello dorado que desprenden sus obras más emblemáticas. Es sin duda el soberbio  retablo del Altar Mayor el que atrae todas las miradas; obra de Pedro Berruguete y Juan de Borgoña. 

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Basílica de San Vicente © Ana María Pareja

La Basílica de San Vicente 

En la plaza homónima se alza un impresionante templo románico que llama la atención por su galería de pórticos del siglo XV. La Basílica de San Vicente es uno de los lugares clave para visitar fuera de la muralla; aunque sus mejores vistas son desde la muralla misma. 

Hay que pasear entre sus arcos, refugiarse bajo su tejado o en el parque aledaño y admirar sus preciosas capillas. Vale la pena acercarse a la puerta sur, por sus impresionantes relieves románicos que hacen alusión a la Anunciación. 

Un dato curioso: el templo se construyó sobre la roca donde fueron depositados los cuerpos de los santos mártires Vicente Sabina y Cristeta, martirizados en el siglo IV, en tiempos del Imperio Romano bajo el mandato de Diocleciano.

Hasta el mirador Cuatro Postes 

Desde aquí, las vistas sobre el recinto amurallado son inolvidables, tanto de día como al caer la noche, cuando la muralla está iluminada. Se puede llegar en coche, pero el paseo andando vale la pena; son unos 15 minutos y hasta se cruza un bonito puente romano.

El lugar está presidido por “cuatro postes”, como lo indica su nombre popular, aunque verdaderamente se llama humilladero (pequeña ermita a las afueras de la ciudad) de San Sebastián. Sin duda, las mejores vistas de Ávila.

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Chuletón de Ávila © Ana María Pareja

Degustar sus manjares 

En mi lista de cosas que hacer en Ávila, siempre tiene que haber alguna relacionada con la comida. Descubrir la gastronomía local es siempre uno de los mejores planes, si no el mejor. 

Las verduras, las hortalizas y las legumbres son casi tan famosas como su ganado vacuno, del cual es emblemático su chuletón. Un menú para degustar en esta tierra leonesa empezaría con unas patatas revolconas con torreznos o un buen plato de alubias con chorizo. De segundo, chuletón de Ávila, por supuesto, con patatas y pimientos asados. 

De postre las famosísimas yemas de Ávila. En la pastelería Iselma –hay tres en la ciudad–, venden las mejores. En Siglodoce (plaza de la Catedral) las revolconas están de muerte, mientras que en El Buen Yantar reinan las croquetas y el chorizo de olla. Pero vale la pena alejarse un poco del casco antiguo y plantarse en el asador El Pórtico, para una comida en condiciones.

Deambular por el casco antiguo

Todo paseo por el casco antiguo de Ávila debería empezar por la plaza del Mercado Chico. Presidida por el Ayuntamiento, la plaza mayor de esta provincia castellano-leonesa es el punto de partida para un paseo entre callejuelas en las que  el tiempo parece haberse detenido. 

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Santa Teresa de Ávila (la Santa) © Ana María Pareja

Hay que adentrarse en la iglesia de San Juan Bautista, en la misma plaza. Con una mezcla de estilos románico, renacentista y gótico, este templo guarda la pila bautismal en la que fuera bautizada Santa Teresa de Jesús

Otra de las cosas que hacer en Ávila es ir en busca de los legados de Santa Teresa, considerada una de las figuras cumbre de la mística española. Para ello hay que dirigirse hasta su casa natal, convertida en iglesia y convento carmelitano, orden que fundó en siglo XVI. 

Por el paseo del Rastro 

Tras empaparse del misticismo de la Santa Teresa toca seguir paseando con esa tranquilidad entre pecho y espalda. Esta vez cruzaremos la puerta homónima para salir del recinto amurallado y llegar al paseo del Rastro. 

Este tranquilo camino que se asienta sobre la roca, pegado a la muralla, es el favorito de los abulenses para relajarse y tomar el sol en sus bancos, con vistas a la sierra de Gredos y el valle. 

La preciosa iglesia de San Pedro 

El final del paseo del Rastro nos lleva directo a la grandiosa plaza del Mercado Grande, desde la que admirar la puerta del Alcázar, comprar unas yemas de Ávila en la pastelería Iselma y quedarse prendado con la belleza del rosetón cisterciense de la iglesia de San Pedro

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Iglesia de San Pedro © Ana María Pareja

Para los amantes del arte religioso, este templo es de parada obligada. Joya del románico y bien de Interés Cultural, la iglesia de San Pedro gobierna con maestría la plaza. Sus naves exteriores aglutinan un magnífico repertorio escultórico con motivos geométricos y de escenas bíblicas. 


Una visita a Ávila está enmarcada por la historia, la religión y la buena cocina. Un día en esta provincia española transcurre entre paseos pausados, una comida contundente y sabrosa y panorámicas sobre una de las murallas medievales más preciosas del mundo. Más información en: Ávila Turismo.

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