Dos días en Copenhague en busca de la receta para ser feliz

En la capital danesa podemos descubrir la magia del Tívoli o los colores de Nyhavn. Pero, sobre todo, dos días en Copenhague sirven para encontrar el secreto de la felicidad

Los daneses gozan con poder ir en bicicleta a todos lados o con refugiarse de la lluvia constante en un café calentito. Disfrutar de estas  pequeñas cosas es lo que se conoce en Dinamarca como hygge; y es básicamente encontrar la felicidad en las cosas simples. Os invito a pasar dos días en Copenhague descubriendo todos sus encantos e interiorizando el poderoso hygge

La capital danesa se abre al viajero como una urbe afable, humana y cálida. En ella se disfruta de joyas arquitectónicas, paseos en bote, tiendas de diseño y restaurantes sibaritas. Se puede recorrer a pie o en bici, pues es pequeña y compacta, y dos días son suficientes para tomarle el pulso y enamorarse de ella. 

Día 1: lo que la hace memorable

Cuando se llega a una capital europea, lo primero que hay que hacer es buscar su plaza Mayor o su Ayuntamiento. Que hace las veces (usualmente) de centro neurálgico. La Rådhuspladsen o plaza del Ayuntamiento de Copenhague, es un buen sitio para apuntarnos a un free tour o para iniciar el peregrinaje por la calle Strøget

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Canal de Nyahvn © Ana María Pareja

Considerada la arteria peatonal y comercial de la ciudad, esta calle está custodiada por tiendas de diseño, decoración y moda nórdicas. Así que los amantes de las compras pasarán un rato entre sus codiciados escaparates. Hay que recorrerla hasta el final para llegar a la plaza Kongens Nytorv y de ahí, alcanzar el cercano canal de Nyahvn.

Este canal fue construido en el siglo XVII para unir el puerto con la ciudad, y está rodeado de casas de estilo holandés. Además, se trata de la estampa más emblemática  de Copenhague, con sus típicas y simétricas casas de colores vivos. Éstas dan vida y embellecen una zona que, hace unos años, era un sórdido embarcadero rodeado de tabernas y burdeles. 

En busca de la realeza 

Detrás del ajetreado Nyahvn, encontramos el barrio de Frederiksstaden que alberga Amalienborg. La residencia de invierno de la familia real danesa se compone de cuatro palacios de estilo rococó del siglo XVIII. Dos de ellos pueden visitarse, en uno encontramos la Royal Danish Collection, con piezas que cuentan la historia real desde hace 250 años. Por su parte, el Christian VIII’s Palace es un museo con piezas de la monarquía de los últimos 150 años.

dos días en Copenhague
Amalienborg y Marmorkirken © Ana María Pareja

Este barrio también alberga la suntuosa Marmorkirken (iglesia de Mármol), de estilo rococó y con una cúpula que asemeja la de la iglesia de San Pedro en Roma. Aunque su construcción se inició en 1749, fue interrumpida en 1770 debido a su alto costo; fue retomada un siglo después y concluida en 1894. 

Antes de comer, hay que volver al puerto para tomar un barco por los canales y así, apreciar las joyas arquitectónicas de esta urbe. Entre sus edificios destacan el modernísimo Diamante Negro, el edificio de vidrio oscuro de la Biblioteca Real, cuyo cálido interior está forrado en madera. También el imponente edificio de la Royal Danish Opera –que parece flotar sobre el agua–, diseñado en 2005 y financiado por un magnate naviero. 

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Típicos smørrebrød © Ana María Pareja

Para comer podemos elegir los típicos smørrebrød, una tostada de pan de centeno, cuyo nombre significa literalmente pan con mantequilla. Comer este platillo es una experiencia auténtica del almuerzo danés y hay infinidad de bares y restaurantes donde tomarlos. Pueden llevar diversos ingredientes encima del pan, desde huevo duro con bacon, hasta mariscos, arenque o buey curado. 

Utopías y emblemas 

Para quienes (como yo) buscan siempre las vistas más altas, en este viaje de dos días a Copenhague es preciso acercarse hasta la torre de la Iglesia de Nuestro Salvador. Más que por sus maravillosas vistas a más de 90 metros sobre el suelo, es por la aventura de subir hasta la cima: 400 escalones en forma de caracol, los últimos 150 al aire libre. 

Muy cerca de allí se alza la ciudad libre de Christiania, quizás uno de los barrios más interesantes, y sin duda, alternativos de la capital danesa. Hacia 1970 y ocupando unos antiguos barracones militares del distrito de Christianshavn, se estableció allí –con un estatus semilegal– una comunidad hippie que se autoproclama independiente del Estado danés.

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Entrada a Christiania © Ana María Pareja

Al traspasar sus ‘fronteras’ están prohibidas las fotografías, por lo que sus preciosos murales y graffitis se quedarán guardados en la memoria. Por el contrario, está permitido el consumo de sustancias blandas como la marihuana; una bella utopía.

El resto de la tarde y la noche la pasamos en los jardines con más encanto de la ciudad, los Jardines del Tivoli. Abierto en 1843, este mágico parque de atracciones de aires retro y montañas rusas de última generación, es algo imperdible. Además de ello, este parque es famoso por sus conciertos gratuitos y sus teatros al aire libre

Para cenar hay múltiples opciones, desde elegantes restaurantes –como Nimb Brasserie– con vistas a los jardines iluminados hasta pequeños puestecitos regados por el parque para comer algo rápido. Mi favorito es Frika, en el que probar el famoso Frikadellen, una albóndiga de cerdo, típica danesa; acompañada de remolacha, col lombarda y mostaza. 

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Tivoli © Ana María Pareja

Día 2: vistas y naturaleza

Empezar el día con pie derecho significa desayunar como Dios manda, en Copenhague hay que hacerlo en Grød. Tiene varios restaurantes en la ciudad y su plato mañanero más famoso es el porridge de avena con frutas, frutos secos y semillas. 

Para los que prefieren algo más tradicional y calórico, hay que pasarse por La Glacé, la konditori (pastelería) más antigua del país; abierta en 1870. Irresistibles tartas con nueces, nata, turrón o chocolate ‘decoran’ sus escaparates.  

Otra de las vistas que vale la pena es desde el mirador de la Rundetårn. Una curiosa torre redonda construida en el siglo XVII y al que se accede por una rampa de caracol. Esta torre, construida en 1601 por el rey Cristián IV, alberga uno de los primeros observatorios astronómicos de Europa, aún en funcionamiento.

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Torre redonda © Ana María Pareja

Caminando por el centro de la ciudad, hay que hacer parada en el Palacio de Christiansborg, sede actual del Parlamento danés y del Tribunal Supremo, desde cuya terraza, abierta al público, las vistas son alucinantes.

Paraíso foodie

Dos días en Copenhague dan para comer mucho y muy bien; repleta de restaurantes con estrella Michelin, mercadillos y food trucks. De visita obligada es el Mercado de Torvehallerne, situado en el barrio de København. Se trata de uno de los mercados de abastos más grandes de la ciudad, en el que hay sitio también para restaurantes diversos. 

Uno de los más emblemáticos es la Taquería Hija de Sánchez, creada por Rosio Sánchez, una mexicana-americana que sirve auténticos y deliciosos tacos. Los hace como los hacía su abuela, importa el maíz desde Oaxaca y elabora su propio quesillo. También hay que probar las deliciosas hamburguesas veganas de Palaeo.

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Hamburguesa vegana de Palaeo © Ana María Pareja

Para bajar la comida nos dirigimos hasta el Jardín Botánico. cuyos espectaculares invernaderos datan de 1874. Esta especie de museo vivo tiene uno de los más grandes herbarios de plantas y hongos del mundo. No hay que perderse un spot dedicado a los ingredientes necesarios para preparar cerveza; centeno, cebada, lúpulo, frutas varias, etc. 

Joyas de la corona y rosas 

La tarde conviene pasarla en el icónico Kongens Have o Jardines del Rey. Un gran parque que custodia entre sus espectaculares rosales y su frontera herbácea, la estatua del célebre cuentista Hans Christian Andersen. 

Además de pasear por sus esplanadas y contemplar sus rosas, hay que entrar al Castillo de Rosenborg, situado al lado del parque. Construido originalmente como residencia del rey Crístian IV, este precioso palacio renacentista custodia las joyas de la Corona danesa y otras colecciones de la familia real. 

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Castillo de Rosenborg © Ana María Pareja

 La cena del segundo día debería ser en el sibarita Noma, para cerrar con broche de oro una escapada de dos días en Copenhague. La capital danesa es un importante laboratorio de tendencias en diseño, arquitectura y gastronomía. Esta última, a la cabeza de Noma, un restaurante que recopila recetas nórdicas con ingredientes del mar y los bosques cercanos. Hasta el 30 de enero de 2021 tienen el menú Game & Forest, donde los protagonistas son la carne y todo lo que crece en los bosques; una celebración de la abundancia otoñal. 


Dos días en Copenhague dan para mucho. Para hacerse con alguna bicicleta, degustar sus delicias más típicas y deleitarse con sus castillos, palacios y edificios más contemporáneos. Copenhague es una ciudad abierta, amable y compacta en la que ser feliz es más fácil de lo que parece. ¿Nos vamos?

2 comentarios en “Dos días en Copenhague en busca de la receta para ser feliz”

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