Escapada a Trujillo, joya monumental de Extremadura

Nos rendimos ante su Plaza Mayor, sus callejuelas empedradas, sus palacios y su exquisito vino. Estos son los indispensables de una escapada a Trujillo

Este verano tan atípico merece viajes cortos, cercanos y de interior; no todo es playa en España. Por lo que una escapada a Trujillo, uno de los pueblos más monumentales de Extremadura es perfecta para la ocasión. Tierra de conquistadores y de un vino con mucho cuerpo, Trujillo es una de las joyas históricas de la provincia de Cáceres.

panoramica trujillo
Vistas desde la muralla ©Ana María Pareja

Quizás nos enamore por sus numerosos palacios, por sus iglesias, por su inmenso castillo y sus murallas o, incluso, por su legado, a cargo principalmente de los trujillanos Francisco Pizarro y Francisco de Orellana. El primero, más mediático quizás, logró conquistar el Perú; el segundo, siguiendo sus pasos en la conquista del Nuevo Mundo, se dedicó a hacer expediciones por el Amazonas

Lo cierto es que la figura de ambos forma parte del ADN de la ciudad; tanto como los embutidos, las tortas del Casar –en toda la provincia–, las migas, las carnes ibéricas y el vino. Este último comandado por las Bodegas HABLA, que atesora ocho variedades de uva y una bodega de lo más vanguardista. Además de comer bien, estos son los planes más apetecibles de una escapada a Trujillo. 

Hacerse con su Plaza Mayor

Sin duda, una de las plazas mayores más preciosas de España –con permiso de la Plaza Mayor de Madrid o de Salamanca–, rodeada de palacios y soportales y presidida por la estatua ecuestre del célebre Francisco Pizarro. Esta monumental escultura es también neoyorquina; obra del escultor estadounidense Charles Cary Rumsey, fue donada a Trujillo por su mujer en 1927. Además, tiene dos réplicas, una en Lima –donde murió Pizarro– y otra en Nueva York. 

Plaza Mayor
Estatua Pizarro e Iglesia de San Martín ©Ana María Pareja

Aparte de contemplar la estatua, hay que dirigir la mirada hacia la iglesia de San Martín, altiva y de una sola nave, fue construida entre los siglos XIV y XVI. También a alguno de sus deliciosos restaurantes, todos con terrazas para degustar, al aire libre y rodeados de historia, una cerveza bien fría. 

Están también los palacios, con imponentes fachadas. El más famosos es quizás el del Marqués de la Conquista, cuya construcción fue promovida por Hernando Pizarro, hermano de Francisco. Este palacio es especial puesto que ostenta el característico balcón de esquina con decoración plateresca, símbolo de la arquitectura extremeña. 

Recorrer sus callejuelas en busca de tesoros

Numerosas son las estrechas calles empedradas que salen de la Plaza Mayor, para adentrarse en ese entramado histórico del casco antiguo. Perderse tiene recompensa: un palacio que aún conserva el esplendor de su época, un jardín situado en una casa-museo o una torre para alzar la mirada en busca de curiosidades. 

Por ejemplo, la Torre Julia, una de las dos que pertenecen a la Iglesia Santa María la Mayor. Más allá de ser uno de los monumentos más atractivos de Trujillo, guarda una gran curiosidad. 

El maestro cantero que la reconstruyó, dejó un pequeño escudo del Athletic de Bilbao en algún punto de la torre. Eso sí, su afición por este equipo de fútbol no llegó a alterar la esencia de esta torre románica. De hecho, se requiere una buena vista, unos prismáticos o un teleobjetivo para poder descubrirlo.

museo de la coria
Fachada Museo de la Coria ©Turismo de Extremadura

Otro tesoro que guarda Trujillo es el Museo de la Coria, ubicado en el desaparecido convento de San Francisco el Real. Destaca el espectacular edificio –restaurado por Xavier Salas en 1969 tras la Guerra de la Independencia–, cuyos muros están vestidos por preciosas enredaderas y con un jardín central de ensueño. Por su parte, el museo recoge lo más importante de la relación de Extremadura con iberoamérica, fruto de la cultura mestiza

Subir hasta su castillo 

Una vez conquistado el casco antiguo queda subir hasta el Castillo de Trujillo, levantado en el cerro Cabeza del Zorro. Primero hay que dedicar tiempo a admirar las vistas sobre la ciudad y los campos extremeños, luego, adentrarse a recorrer el castillo. 

Construido entre los siglos IX y XII, este gigante de piedra fue también Roca Casterly, casa de los Lannister en la serie Juego de Tronos. Pasear sobre sus murallas con esas fantásticas vistas vale muchísimo la pena. 

castillo de trujillo
Castillo de Trujillo ©Ana María Pareja

De esta robusta fortificación, plagada de torres albarranas, destacan su patio de armas y los dos aljibes que conserva de la antigua alcazaba árabe en la que está edificado. En lo alto de la entrada al castillo está la famosa virgen que da vueltas. Se trata de la Virgen de la Victoria, que se pasa el día mirando hacia la ciudad hasta que alguien deja una limosna. Ahí se da la vuelta hacia la capilla y permanece mirando a los feligreses durante diez minutos. 

Refugiarse en su Parador

Ubicado en un antiguo convento de Santa Clara, del siglo XVI, el Parador de Trujillo es el refugio perfecto para descansar de tanto caminar. En su interior se respira la paz y la tranquilidad de un convento de clausura, del que se conservan joyas como sus dos hermosos claustros, uno de ellos con arcos y columnas renacentistas. 

Para los clientes está reservada su espléndida piscina, un auténtico placer en los meses de verano, pero para cualquiera está abierto su exquisito restaurante. Su oferta culinaria está basada en los productos más representativos de la cocina extremeña.

restaurante del parador
Restaurante Parador de Trujillo ©Parador.es

Desde el salmorejo de cereza del Jerte, la morcilla patatera o el pan bao con picadillo trujillano hasta el solomillo de ternera retinta con salsa de Torta del Casar y el infaltable jamón ibérico de bellota D.O Dehesa de Extremadura. 

Una cena al aire libre (disponible en verano) es la forma perfecta de acabar esta escapada a Trujillo. Cuna de conquistadores, repleta de palacios espléndidos y con un castillo desde el que admirar todo su esplendor y su magia histórica.

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