Fin de semana en Burgos, entre joyas culturales y gastronómicas

La capital de la provincia es un homenaje a la historia, el arte y la buena cocina. Esta es la ruta indispensable para un fin de semana en Burgos

No nos digamos mentiras, a Burgos capital se va por su grandiosa Catedral. Es imponente, preciosa, deslumbrante; es la joya del gótico español y hasta declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero un fin de semana en Burgos da para mucho más. Para contemplarla desde el mirador de su castillo o degustarla en sus tapas más castizas y en sus restaurantes con aires de vanguardia. 

Esta ruta por Burgos inicia con un buen desayuno. Ya sé que Casa Ojeda es un emblema culinario y que los amantes del lechazo asado y de las sopas castellanas aciertan aquí seguro. Pero en su barra –lleva más de un siglo dando de comer– se desayuna igual de bien. Con un café con leche y un pincho de tortilla con cebolla basta para empezar el día con pie derecho.

Arco de Santa Maria
Arco de Santa María ©Ana María Pareja

Para llegar a la Catedral de Burgos desde Casa Ojeda, enfilamos el paseo del Espolón desde la estatua del Cid Campeador,tan adulado héroe castellano. Al otro extremo de este espacio arbolado, que discurre al margen de río Arlanzón, encontramos el monumental Arco de Santa María. Esta puerta medieval es hoy un espacio abierto al público con exposiciones temporales y preciosas vistas desde su torreón. 

De la catedral al castillo de Burgos

Tras atravesar el arco, por fin nos encontramos con la Catedral. Hay que tomarse el tiempo de verla por fuera y apreciar sus portadas, rosetones, agujas y torres desde todos los ángulos posibles. Una vez absorbida la belleza exterior hay que hacerse con una entrada para una visita cultural por su interior. 

No hay que perderse la preciosa capilla de los Condestables, con su deslumbrante bóveda calada y acristalada. Tampoco la escalera dorada inspirada en el renacimiento italiano o el espectacular cimborrio con esa cúpula en forma de estrella y a cuyos pies descansa Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y su esposa Doña Jimena.

catedral de burgos
Catedral de Burgos ©Ana María Pareja

Además de admirar esta belleza gótica, a Burgos se viene a comer muy bien y la variada carta de La Favorita lo comprueba. A esta taberna urbana, situada en la calle Avellanos, se va principalmente por su revuelto de bacalao, su medallón de foie y su cecina. 

Luego de la comida, subir las escaleras apostadas a un lado del cerro de San Miguel no parece ser la mejor opción. Pero, las impresionantes vistas de un Burgos dominado por las agujas de la Catedral, valdrán la pena el esfuerzo. La sobremesa, el postre o la merienda hay que hacerlas en el bar El Vagón, al ladito del castillo. De este último vale la pena descubrir su alucinante pozo de agua de 61,5 metros de profundidad al que se accede por una escalera de caracol de 300 peldaños. 

La noche es para las tapas

Tapear es un verbo creado en España –digo yo–; es una deliciosa manera de integrarse en el ambiente de una ciudad y de disfrutar de su gastronomía a golpe de pequeñas raciones, pinchos o tapas. Burgos es una ciudad perfecta para ello y hay que dirigirse, principalmente, al intrincado laberinto de calles que rodean la Plaza Mayor.

cena de fin de semana en burgos
Morcilla de El Morito ©Ana María Pareja

La Cervecería Morito es uno de los emblemas del tapeo local, no en vano vive siempre hasta arriba de gente. Su tapa de morcilla, su pincho de tortilla y la ración de bravas son sus mejores productos. En La Mejillonería, además de mejillones también hay que pedir sus patatas bravas y en la Cueva del Champiñón, sus famosos champiñones al estilo de los de Logroño o Zaragoza

Otro de mis favoritos es Casa Pancho, en la calle San Lorenzo. No hay que irse de allí sin pedir un cojonudo y una cojonuda. El primero con chorizo, pimiento rojo y huevo de codorniz, la segunda igual pero en vez de chorizo, morcilla. La barra del Rekábala, en la calle de la Puebla, es el lugar idóneo para terminar la noche con los mejores cócteles y combinados. 

Domingo de ‘re-conocimiento’ 

El día dos de esta escapada de fin de semana en Burgos comienza con otro buen desayuno. Atravesamos el río Arlanzón hasta la calle Miranda, para adentrarnos en el mundo del pan y la bollería artesanal de la panadería Bertiz. Aunque es una cadena de panaderías –con 100 años de historia–, valen mucho la pena sus croissants y sus tostas de pan casero con tomate y jamón. Además, está a tiro de piedra del fantástico Museo de la Evolución, un must de toda visita a la capital de la provincia burgalesa.

vistas de burgos
Vistas desde el Mirador del Castillo ©Ana María Pareja

Se trata de uno de los referentes mundiales en evolución humana. Un museo que guarda los restos de fósiles humanos encontrados en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, situada a 21 kilómetros de la ciudad. 

La estrella del lugar es el entrañable Miguelón, como se conoce cariñosamente al fósil mejor conservado del Homo Heidelbergensis. Aunque los amantes del diseño y la arquitectura se acercarán al MEH por su increíble, luminoso y modernísimo edificio. Ideado por el arquitecto y pintor español Juan Navarro Baldeweg, es una audaz apuesta de Burgos por la modernidad.

De vuelta al gótico

Este estilo parece que caló hondo en Burgos, antigua capital del reino unificado de Castilla y León. Además de la Catedral, hay dos importantes construcciones góticas que no hay que perderse.  La primera es el Real Monasterio de las Huelgas Reales al que se puede llegar dando un paseo entre frondosas alamedas al margen del río Arlanzón. Fue fundado por el Rey Alfonso VIII y su esposa en 1188 para albergar a monjas cistercienses y como panteón real de Castilla. Su precioso claustro gótico ya merece la visita.

monasterio de las huelgas
Monasterio de las Huelgas Reales ©Ana María Pareja

Al este nos topamos con esa segunda construcción, la Cartuja de Miraflores. Un monasterio del siglo XV, levantado por Isabel la Católica para sepulcro de sus padres don Juan II de Castilla y doña Isabel de Portugal. Cuenta la tradición que el impresionante retablo policromado que allí se encuentra, fue dorado con el primer oro que llegó a España tras el descubrimiento de América. 

Tras redescubrir a nuestros antepasados en el MEH y rememorar el esplendor de la época medieval, seguro que entra hambre. Nada más acertado que culminar una escapada de fin de semana a Burgos con una comida en condiciones; para ello hay que acercarse a La Jamada

El restaurante de cocina viajera –como este blog– de Antonio Arrabal, está inspirado en platos de México, Japón, Italia, Estados Unidos o Tailandia. La Jamada es como lo indica su chef, “comida sabrosa, elaborada con productos frescos y preparada al momento, para que tus sentidos viajen por el mundo sin moverte del centro de Burgos”. Porque en ella, el buen comer hace parte de su esencia. 

En fin, Burgos es una ciudad que hace homenaje a la buena cocina, la tradicional y la creativa. Una urbe donde la historia se codea con el diseño contemporáneo y en la que dos días dan para mucho más que admirar su Catedral. 

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