Qué hacer en Madeira: la isla portuguesa de la eterna primavera

En este edén tropical hay aventura, un vino mítico y paisajes de infarto; esto es lo que debes hacer en Madeira

Ya abiertas las fronteras de España con la Unión Europea, es hora de elegir dónde pasar la temporada estival. Podríamos, por ejemplo, pasar un verano diferente en Benidorm o descubrir ciudades como Zaragoza. También elegir paraísos cercanos como la isla más grande del archipiélago madeirense, un destino seguro tras la Covid-19. ¿Qué hacer en Madeira? Aquí os cuento esos planes que no puedes perderte en tu próximo viaje a este paraíso tropical. 

Una temperatura cálida cualquier día del año –de ahí que sea considerada la isla de la eterna primavera– te recibe al bajarte del avión. Superada la emoción de aterrizar en una de las pistas más complejas del globo, queda descubrir todos los rincones de este edén tropical. 

Los planes van desde recorrer el pintoresco casco antiguo de Funchal –su capital–, hasta aventurarse por las  levadas entre el bosque de laurisilva. Gastronomía, catas de vino, miradores de infarto y pueblos suspendidos en acantilados  de vértigo.

vistas madeira
Panorámica ©Ana María Pareja

Descubrir Funchal

Desparramada por una empinada ladera, la capital de Madeira mira orgullosa al Atlántico y concentra la mayor parte de la vida social y cultural de la isla. Cabe empezar la visita a su casco antiguo por el Jardín Municipal de Funchal, un edén en el que crecen árboles y plantas tropicales traídas de América, África y Asia. 

En la calle de enfrente encontramos a Blandy’s Wine Lodges. Situada, desde 1840, en un convento franciscano del siglo XVII, esta preciosa bodega es pionera en la elaboración del famosísimo vino de Madeira. Tras catar sus caldos –con regusto dulce pero fuerte–, hay que poner rumbo al tradicional Mercado dos Lavradores.

Funchal
Funchal ©Ana María Pareja

Una amalgama de frutas tropicales –maracuyá, maracuyá-banana, mango, papaya– se mezcla con puestos de flores, pescado fresco, hierbas y artesanías. Un punto de encuentro de turistas y locales donde empaparse de la esencia de Madeira. 

Nada más salir hay que pasarse por A Mercadora, un bar donde elaboran una de las mejores ponchas. Un licor tradicional a base de aguardiente, limón y azúcar. También por la calle Santa María, hoy revitalizada a golpe de arte en las puertas de las casas, y por la Fábrica de Santo Antonio. Allí hay que probar su exquisito bolo de mel, un bizcocho elaborado con melaza, nueces, almendras y especias.

Deleitarse con su gastronomía

Siguiendo con las delicias dulces, los amantes del chocolate no querrán perderse UAUCacau. Los recibirá una vitrina con bombones de todos las formas, colores y sabores. No dejéis de probar el de maracuyá –una fruta muy usada en la gastronomía local–, el de tomate de árbol o el de pitanga. 

El secreto de la cocina madeirense recae en el uso de ingredientes frescos –pescados, frutas tropicales, carne, vegetales– cuyo origen procede de la rica naturaleza, la abundante agua y un clima benevolente.

gastronomia madeira
Pez sable, bombones y flan de maracuyá ©Ana María Pareja

No hay que dejarse el exquisito bolo do caco; un pan elaborado con batata y harina, cocinado en una sartén de piedra y servido con mantequilla de ajo. Tampoco la espetada, que no es otra cosa que carne de res asada en un pincho de metal y sazonada con laurel. Pero, a mi modo de ver, la joya de la gastronomía de esta isla es el sable negro. Un pez de aspecto poco agraciado y sabor es exquisito, más cuando se sirve con banana asada. Un contraste dulce-salado, sinigual. 

Subirse a un teleférico  

La escarpada geografía de Madeira casi que obliga a la presencia de teleféricos. Hay dos que me gusta recomendar en la lista de lo que hay que hacer en Madeira. El primero está en Funchal y conduce al barrio de Monte, en un trayecto de unos veinte minutos con vistas inolvidables.

Una vez arriba hay que pasarse por el impresionante Monte Palace Madeira, un jardín de 70 mil metros cuadrados con una extensa colección de plantas exóticas. Sin embargo, lo divertido de subir a Monte es bajar a toda velocidad y a manos de los famosos carreiros. Estos experimentados conductores, con zapatos con suelas de goma de neumático, te llevarán cuesta abajo a bordo de cestos de mimbre con ruedas.

Faja dos Padres
Teleférico a Fajã dos Padres ©Ana María Pareja

El segundo teleférico zigzaguea una empinada montaña, bajando hasta la localidad de Fajã dos Padres. Esta angosta franja de tierra fértil junto al mar, envuelta entre plataneras y viñedos, es ideal para coger un barco e ir en busca de delfines y cetáceos. También para probar el delicioso bolo do caco y el curioso pez sable con banana asada. 

Recorrer la isla en jeep  

No hace falta hacer senderismo para perderse en el precioso y denso Bosque de Laurisilva, declarado Patrimonio Natural Mundial. Basta con subirse a un jeep de Mountain Expedition y recorrerlo sin esfuerzo. El trayecto incluye una visita a la Vereda Dos Balcões. Desde allí, la Levada da Serra do Faial (1,5 km) nos lleva hasta su impresionante mirador para divisar el escarpado relieve de Madeira.

Paisajes de Madeira
Paisajes exuberantes ©Ana María Pareja

La travesía continúa cuesta abajo, con vistas alucinantes durante todo el trayecto, hasta el pintoresco pueblo de Câmara de Lobos. De esencia marinera y donde Churchill pasó unas vacaciones, vale la pena su pequeña iglesia apostada en el puerto. Luego viene la guinda del pastel: Cabo Girão, uno de los acantilados más altos de Europa. Desde su plataforma de cristal, que parece flotar en el aire, las vistas de la isla y del Atlántico son alucinantes.

Hacer senderismo por sus levadas  

La caprichosa orografía de Madeira, con montañas de origen volcánico cubiertas por un eterno manto verde, harán las delicias de los amantes del trekking. El sendero más deseado es el que conecta los picos más altos de la isla: Ruivo (1862 m), De las Torres (1851 m) y Do Areeiro (1817 m). 

Además, Madeira ostenta un impresionante sistema de más de 2.000 kilómetros de canales excavados en la roca (conocidos como levadas) que, no solo han servido durante siglos para distribuir el agua alrededor de la isla, sino que se han convertido en una grandiosa red de rutas de senderismo de singular belleza paisajística.

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Recorrer alguna levada es uno de esos planes indispensables en esta isla jardín. Un edén tropical en medio del Atlántico, a tan solo hora y media de Lisboa, en el que perderse entre sus bosques, deleitarse con su gastronomía y enamorarse de sus paisajes. 

¿Qué hacer en Madeira? pues estos son mis  indispensables. Me dejo cosas como bañarse en las piscinas naturales de Porto Moriz o embarcarse hasta la isla vecina de Porto Santo, con playas envidiables. Más información en Descubre Madeira.

6 comentarios en “Qué hacer en Madeira: la isla portuguesa de la eterna primavera”

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