Imprescindibles de Sevilla: 5 planes para primerizos

Aunque abarcar Sevilla en cinco planes imprescindibles es tarea compleja, en mi lista no me dejo ni los bares, ni los miradores

Imprescindibles de Sevilla hay muchos. A lo largo de sus laberínticas callejuelas, se esconden tesoros que ningún visitante debería perderse. Y es que, Sevilla enamora y sorprende; lo más interesante es que lo visita tras visita. 

La capital andaluza rezuma historia, está llena de descubrimientos gastronómicos y deslumbra con la cantidad de iglesias y templos que alberga. Es una ciudad para recorrerla a pie, para retozar en sus grandes parques, para saborearla en sus bares, para admirarla en sus museos. 

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Sevilla tiene un color especial ©Ana María Pareja

Aunque hay muchísima vida más allá de sus emblemas turísticos, hoy hago un recorrido por esos planes imprescindibles de Sevilla que hay que hacer, por lo menos, una vez en la vida. 

Retozar en sus jardines

El más bello y famoso de la ciudad es el monumental Parque María Luisa. Un pulmón verde con aires románticos y glorietas dedicadas a poetas como Bécquer. También destacan el estanque de lotos, la fuente de las ranas o el jardín de los leones. 

Luego de una paseo por sus magníficas zonas verdes, hay que dejarse caer por la joya de la corona, la majestuosa Plaza de España, que precede al parque. Fue diseñada por el sevillano Aníbal González para la Exposición Iberoamericana de 1929, en un estilo regionalista, con ladrillo visto y preciosos decorados de cerámica.

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Alcázar, Plaza España, Fuente de Ranas ©Ana María Pareja

Tras cruzar el frondoso arbolado del Prado de San Sebastián, con sus bellas jacarandas, nos encontramos con los Jardines del Alcázar. Para disfrutar de ellos primero hay que acceder al Real Alcázar de Sevilla, un palacio andalusí, mudéjar y renacentista que es pecado perderse. Eso sí, para evitar colas kilométricas hay que comprar los tickets con antelación en su página web. 

Una vez recorridas todas las estancias del imponente palacio, sin dejarse el precioso Patio de las Doncellas, llegamos al auténtico remanso de paz que dejó huella en series como Isabel I y Juego de Tronos. En ellos podemos pasar horas y horas entre palmeras, fuentes y naranjos. 

Verla desde lo alto 

Es normal que la primera vez que se pise Sevilla se sienta un incontenible deseo de subir –a pie porque no hay ascensor– hasta la cumbre de La Giralda. Esta torre de origen árabe hoy hace las veces de campanario de la imponente Catedral de Sevilla.

Sus vistas son alucinantes, eso ya lo sabemos. Pero hay otros lugares donde son igual de lindas y desde donde puede apreciarse la torre en todo su esplendor. Por ejemplo, desde la terraza de El Corte Inglés Duque, perfecta para contemplar el atardecer. 

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Vistas desde las Setas de Sevilla ©Ana María Pareja

La terraza del hotel EME Catedral es otra de las imprescindibles de Sevilla, donde las vistas alucinantes de la Catedral y La Giralda se disfrutan a golpe de mojitos. Eso sí, el mirador por excelencia de la capital andaluza es el controvertido Metropol Parasol, más conocido como Las Setas de Sevilla

Situada en la plaza de la Encarnación, esta estructura de madera –de las más grandes del mundo– consiste en seis parasoles con forma de setas, que encarna la Sevilla más vanguardista. Se puede caminar por sus parasoles mientras se tiene una de las mejores panorámicas de la ciudad. 

Hacerse con sus bares de siempre 

La gastronomía de la capital andaluza combina tradición y vanguardia, los sabores de siempre con aquellos más audaces. Esa cultura culinaria se traduce en un universo que regala obras de arte en miniatura, las tapas. Tapear se ha convertido en un fenómeno cultural en España, cuyo rey indiscutible es Sevilla.

Visto lo visto, es casi que imposible elegir dónde se come mejor en esta urbe plagada de bares, restaurantes y tascas. Mejor buscar la especialidad de cada uno. El montadito de pringá –que se hace aprovechando los restos de carnes del cocido–, hay que comérselo en la mítica Bodeguita Romero, con siete décadas deleitando paladares.

Por su parte, las espinacas con garbanzos, otro de los grandes clásicos del tapeo andaluz, será mejor probarlas en El Rinconcillo. Conocido como el refugio de las cuatro pes, este rincón abrió sus puertas en 1670 y a día de hoy sigue conquistando corazones y estómagos con su carta de tapas. 

Tampoco hay que perderse la Taberna Los Coloniales con su solomillo al whisky y su pollo en salsa de almendras. Ni el ambiente auténtico de la Bodega Santa Cruz Las Columnas que, a un paso de la Catedral, cautiva con sus sabrosos montaditos de pringá. 

Descubrir sus iglesias  

Una vez conquistada La Giralda, otro de los imprescindibles de Sevilla es recorrer las inmensas naves de la Catedral de Sevilla, el mayor templo gótico del mundo. Erigida sobre una mezquita almohade, de la que se conserva el Patio de los Naranjos y su campanario, su construcción tardó cinco siglos en completarse.

De su interior no hay que perderse la tumba de Cristóbal Colón, el espectacular retablo Mayor o la Puerta del Lagarto. Una curiosidad: El conjunto de la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. 

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Templos sevillanos ©Ana María Pareja

Pero hay vida –religiosa y artística– más allá de la Catedral. Está por ejemplo la Iglesia del Salvador con su preciosa fachada rosa y su estilo barroco. Construida sobre los restos de la mezquita de Ibn Adabbas del siglo IX, en su interior sorprende el retablo de la Virgen de las Aguas. 

También de arquitectura barroca, hay que entrar a la desacralizada San Luis de los Franceses; construida en entre 1699 y 1731. Sus altares llenos de reliquias y retablos con adornos y espejos convexos son dignas piezas de museo. 

Cruzando el Guadalquivir, encontramos la pequeñísima y singular Capilla del Carmen, construida en 1928 a un costado del Puente de Triana y con un curioso campanario octogonal. Ya en el barrio, hay que acercarse también hasta la Capilla de los Marineros; sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana y con una preciosa fachada del color de Sevilla. 

Pasear cerca del Guadalquivir

Antes de dejar Triana hay que admirar el río Guadalquivir desde ese lado de la ciudad. Caminar por la calle Betis es uno de los imprescindibles de Sevilla, también lo es degustar las torrijas o las palmeras de la dulcería Manu Jara. 

El paseo al otro lado del río debe empezar por la Torre del Oro, el monumento más destacado de la zona. Originaria del siglo XIII, dicen que su nombre se debe a dos teorías. La primera, que en su interior se guardaba el oro proveniente de las Américas; la segunda, a los reflejos dorados que producían los azulejos que antiguamente la recubrían. 

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©Ana María Pareja

Cruzando los Jardines de Cristina, al pie de la torre e inaugurados en 1830, encontramos el Hotel Alfonso XIII, uno de los más lujosos del país. Alojarse en él está al alcance de unos pocos, pero cualquiera puede acceder al encantador patio mudéjar del restaurante San Fernando a tomar algún tentempié. 

El Bar Americano, por su parte es el sitio del hotel perfecto para culminar este viaje por Sevilla. Decorado con un estilo Art Decó, con paredes azules y sillones de cuero, este rincón alejado del bullicio de la ciudad, es ideal para degustar un champán, una cerveza o un cóctel. Luego hay que brindar por lo bella que es Sevilla. 

Ya sabemos que hacen falta siete vidas para descubrir la capital andaluza, que hay rincones que ni los propios sevillanos han conocido y que tiene un color especial. Ahora, solo nos queda volver, otra vez.

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