Los cuatro mejores pueblos del Lago di Garda para el otoño

De los 24 pueblos del Lago di Garda, la porción de agua dulce más grande de Italia, me quedo con los cuatro que más fácil se dejan conquistar

Enclavado entre los Alpes, este pequeño mar italiano es perfecto para disfrutar en otoño. Aunque el verano es una de las estaciones más apetecibles, también es cierto que los pueblos del Lago di Garda están atiborrados de turistas. 

Por ello, en septiembre y octubre el Lago di Garda –situado entre las regiones de Trentino-Alto Adigio, Véneto y Lombardía– revela su verdadera esencia. Cuando la horda de alemanes, austriacos y suizos vuelve a sus países, esta porción de agua dulce se atempera y deslumbra por su singular belleza.  

Todas sus localidades esconden preciosas postales que nunca cansan, envueltas entre palmeras, olivos y limoneros, con montañas que rasgan el paisaje dándole un toque agreste. 

Son 24 los pueblos del Lago di Garda, más ocho islas. Pero como en un viaje corto (una semana) no puedo visitarlos todos, me quedo con los cuatro que más fácil se dejan conquistar. De norte a sur: Riva del Garda, Torbole, Limone Sul Garda y Sirmione.

Riva del Garda
Riva del Garda ©Ana María Pareja

Riva del Garda, la más septentrional

El pueblo más septentrional del lago es algo así como un paraíso mediterráneo a los pies de los Dolomitas. Asentado en la región de Trentino-Alto Adigio, Riva del Garda ostenta una estética centroeuropea y una magnífica arquitectura en el centro de la población. 

La torre Apponmale, hoy un mirador sublime, domina el skyline de la plaza III de Noviembre, donde se suceden numerosos bares con vistas al agua. El malecón, presidido por el castillo medieval de la Rocca que también hace las veces de museo histórico, es perfecto para pasear y degustar un helado. 

Además de un merecido gelato, especialidad italiana, los bares de la orilla del lago sirven un exquisito Aperol Spritz. Este cóctel a base de Aperol, vino espumoso seco y soda, es el rey del aperitivo del país de la bota.

Torbole
Torbole ©Ana María Pareja

Esencia marinera en Torbole 

Separado por solo 4 kilómetros de Riva del Garda, Torbole es el paraíso de los deportes acuáticos. Esta antigua villa marinera es ahora experta en windsurf y vela, aunque ha sabido mantener su esencia tradicional

Uno de sus mayores atractivos y su postal más famosa es la antigua casa de Dazio. Construida a principios del siglo XVIII como sede de la Aduana austriaca y propiedad de la familia Tonelli desde el año 2000. La que sirvió de inspiración a poetas como Goethe es hoy un curioso mirador.

En frente de esta casita rodeada por el lago y cubierta con bellísimas flores, encontramos la pizzería Casa Beust. Aquí la tradición marinera se junta a la perfección con los sabores italianos más auténticos. Su pizza de atún y su lasaña son un acierto; regados con el vino de la casa, por supuesto.

Limone, pueblos lago di garda
Limone Sul Garda ©Ana María Pareja

Limone Sul Garda, a los pies de la montaña

Custodiado por inmensas montañas rocosas, Limone Sul Garda era un pequeño pueblo al que, hasta 1931, solo se podía acceder por barco. A partir de ese año, la construcción de la Gardesana puso fin a siglos de aislamiento. 

Esta sinuosa carretera bordea el lago, regalando vistas imponentes y conectando esta localidad, perfumada por cítricos y olivos, con sus vecinos. Al llegar a Limone, lo primero que salta a la vista es su pintoresco puerto, custodiado por barcos que sueñan con ser góndolas. 

Tras deleitarnos con sus delicias a base de limón, toca recorrer sin prisas su casco histórico que conserva casas de estilo veneciano. Luego subir hasta la torre de la iglesia de San Rocco para contemplar sus espléndidas vistas y, por último, acercarse hasta la Limonaia del Castèl. Una zona conocida como el jardín de los limones y protegida por una construcción del Settecento en piedra y madera.

Sirmione
Sirmione ©Ana María Pareja

Sirmione, la joya de la corona del lago

Asentado en una curiosa y angosta península, Sirmione es uno de los pueblos del Lago di Garda con más atractivos. Las Grutas de Catulo, por ejemplo, donde se cree que vivió el poeta latino, allá por el siglo I a.C. Se trata precisamente de una villa romana de la cual se conservan estancias, termas y patios. 

Aunque es el castillo Rocca Scaligera –cuya construcción inició en el siglo XIII y finalizó en el XV– el que se roba todas las miradas. Situado a la entrada de esta localidad que fascina a cualquiera que pone un pie en ella. 

Tampoco hay que perderse el Palazzo de María Callas, la antigua iglesia de Santa María della Neve o la de San Pietro in Mavino. Entre medias, un gelato de pistacho en cualquiera de sus cremerias y un paseo por el puerto, son casi obligatorios. 

Esta es mi selección de pueblos del Lago di Garda; son los que más me han cautivado, por su paisaje, su gastronomía o sus atractivos en general. Hay 24 (más 8 islas), así que cada uno puede tener sus favoritos.

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