Abrumada en un souk de Marrakech

Los zocos de la capital de Marruecos están llenos de color y vitalidad pero pueden resultar agobiantes

Souk es el término que se usa, especialmente en oriente medio, para denominar los mercados locales al aire libre, en los que se vende cualquier tipo de productos, desde comestibles, hierbas y amuletos, hasta instrumentos musicales, ropa y souvenirs.

No hay nada que no se venda aquí; es una amalgama perfecta de color, energía y vitalidad. El paisaje está atiborrado de gente y el aire plagado de gritos de gitanos, encantadores de serpientes, domadores de monos y magos.

Souk de Marrakech ©Ana María Pareja

Allí, bajo el sol abrasador, locales y turistas se esfuerzan por regatear y sacar al vendedor el mejor precio de un producto.

Hay curtiembres en las aceras, artistas de henna en cada esquina, lectores de cartas, ventrílocuos y señores con vestimentas típicas que te ofrecen agua y esperan, a cambio de una generosa propina, tomarse una foto con todo turista que se les acerque.

Eso sí, es preciso estar cuatro ojos porque si uno se descuida puede terminar con una serpiente enredada al brazo o un mono encaramado en el hombro.

Zoco de comidas ©Ana María Pareja

A pesar de lo colorido y pintoresco del paisaje y de la vitalidad y emotividad de los personajes que se ven por las pequeñas callejuelas que componen el mercado, una visita al souk puede ser abrumadora y muchas veces asustadora.

El regateo hace parte fundamental de las compras y algunos turistas pueden sentirse agredidos por los vendedores ávidos de hacer un buen día de ventas.

Así que en estos lugares es fundamental mantener la calma, preguntar solo por lo que realmente te interesa comprar y aprender a decir no cuando sea necesario.

Cuando ya mantienes la calma y aprendes a decirle no a los perseverantes vendedores, es hora de tener un poco de diversión y sumergirse en sus laberínticas callejuelas, con paredes de barro y techos cubiertos de bambú.

©Ana María Pareja

Hay que saborear el olor de las especias que llegan a nuestras narices, ir a donde nuestros ojos nos lleven y seguir los estrechos callejones hasta lugares inimaginables.

Caminar desde el zoco de las aceitunas después de probar un par de ellas, hasta el zoco de los alfareros, repleto de macetas, colores brillantes, tagines, lámparas y toda clase de objetos luminosos. Todo es una sorpresa, una aventura, una foto o quizás varias.

En fin, los souks de Marruecos son un asalto a los sentidos, algo que nunca había visto, una experiencia que quisiera repetir. Aunque es abrumador y se requiere una elevada dosis de paciencia, es una experiencia única, llena de energía, color y sabor. Una visita obligada en este increíble país africano. Un laberinto que te deja hipnotizado.

1 comentario en “Abrumada en un souk de Marrakech”

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