Un verano en Nantes: arte al aire libre y buena cocina

Pasar un verano en Nantes significa ver obras de arte en las calles, sumergirse en el universo de Julio Verne y disfrutar de un variadísimo repertorio gastronómico

Creativa, gourmet, atrevida, verde, lúdica, contemporánea, verniana… Así se describe  a sí misma esta ciudad francesa, situada entre el Valle del Loira y Bretaña. Un verano en Nantes zigzaguea entre el patrimonio antiguo y las creaciones contemporáneas; entre un castillo medieval y un elefante mecánico gigante. 

La urbe que vio nacer a Julio Verne ha logrado convertir lo extraordinario en realidad, eligiendo el arte contemporáneo como su motor turístico. Desde hace más de 30 años, Nantes ha vivido una especie de revolución cultural, estableciendo un diálogo ininterrumpido entre el arte y la ciudad. Algo similar a lo que ocurrió en la Comuna 13 de Medellín

Esta apuesta ha dejado espacios tan singulares como Le Lieu Unique, inaugurado el 1 de enero del año 2000. La antigua fábrica de galletas LU es ahora un atípico centro cultural con restaurante, librería, bar con terraza de verano y hasta hammam.

castillo de Nantes
Castillo de Nantes ©Ana MarÍa Pareja

Un verano en Nantes

En un afán de ser diferente, Nantes ha puesto el arte contemporáneo al servicio de la ciudad. Por ejemplo, el monumental castillo de los duques de Bretaña tiene adjunto a sus murallas un tobogán de 50 metros. Se llama Paisaje deslizante y cualquiera puede descender por él, gratis; uniendo de forma maestra, el arte y la historia. 

En el barrio Bouffay, donde está situado el castillo y por cuyas calles se cuelan vestigios de la época medieval, hay más intervenciones artísticas. Por ejemplo, en medio de su plaza homónima se alza Éloge du pas de côté, una escultura de un hombre con un pie en el aire que rinde homenaje al atrevimiento de la ciudad. 

Todas estas propuestas artísticas hacen parte de El Viaje a Nantes (VAN). Un catálogo de sorpresas de arte, gastronomía y patrimonio, señalizado con una línea verde trazada en el suelo. Siguiendo la línea verde, de 12 km de longitud, se descubren todos los imprescindibles de esta singular urbe francesa.

La Fabrique
Estudio de música La Fabrique ©Ana María Pareja

Cada verano –este año, del 8 de agosto al 27 de septiembre–, artistas, arquitectos, pintores, escultores y hasta jardineros, reactivan el itinerario con nuevas obras. Una vez acabado el VAN, algunas de esas obras se convierten en objetos urbanos permanentes; transformando la ciudad.

La Isla de Nantes, foco creativo 

Las propuestas artísticas más atrevidas del VAN las encontramos en la Isla de Nantes, un antiguo polígono industrial reconvertido en la zona más creativa de la ciudad. En este laboratorio urbano encontramos las famosas grúas amarillas, símbolo portuario de Nantes o una cinta métrica gigante ‘plantada’ en el jardín de una oficina. 

También destaca un autobús –que funciona como estudio de grabación–, incrustado en la fachada de una escuela de música, conocida como La Fabrique. Incluso un antiguo almacén de plátanos –el Hangar de Bananas– alberga hoy restaurante, discoteca, teatro y hasta una galería de arte contemporáneo.

un verano en Nantes con La Cantine
La Cantine du Voyage ©Ana María Pareja

Siguiendo la línea verde, también se descubren una singular superficie lunar, cuyos cráteres esconden camas elásticas o mesas de ping pong entrelazadas. Además está La Cantine, un restaurante pop-up (abre de abril a octubre) que se ha convertido en uno de los clásicos del VAN. Inspirado en un invernadero y con vistas al Loira, sirve pollo de granja y verduras cultivadas en su huerto aledaño. 

A lomos de un elefante mecánico

Quizás lo más mediático y fantástico de todo Nantes son las Máquinas de la Isla. Un proyecto artístico sorprendente inspirado en el imaginario de Julio Verne, el universo mecánico de Leonardo Da Vinci y la historia industrial de Nantes. 

Es imposible no ver al Gran Elefante mecánico gigante que recorre los antiguos astilleros de la Isla de Nantes. Mide 12 metros de alto y durante turnos de 30 minutos pasea por la zona con 50 personas subidas en su lomo. Verlo moverse, ya sea sobre él o desde abajo, es todo un espectáculo. Un verano en Nantes tiene que incluir este paseo.

las maquinas de la isla
Gran Elefante, Las Máquinas de la Isla ©Ana María Pareja

El protagonismo del lugar lo comparte con un tiovivo que hace homenaje a las criaturas del mar. Se trata del Carrusel de los Mundos Marinos, que te transporta al abismo marino, con vagones retro-futuristas que parecen tener vida propia. 

Tras la línea verde

Los 12 kilómetros de esa línea verde también abarcan el increíble Jardín de las Plantas, que cada año es intervenido, por motivo del VAN, por el artista Claude Ponti. Además del Museo de Arte de Nantes con obras de Kandinsky, Monet y Picasso, y que mezcla arte clásico y contemporáneo en una misma sala. Su restaurante, Café du Musee, capitaneado por el chef con estrella Michelin Éric Guérin, es otro imprescindible. 

La línea verde también lleva sus dominios hasta el barrio Graslin donde destaca el Pasaje Pommeraye. Una exquisita galería cubierta del siglo XIX que oscila entre el neoclasicismo y el eclecticismo; con una escalera que no hay que perderse. 

La cafetería La Cigale es otro de los imperdibles que señala el VAN. Con más de 120 años de historia, es uno de los restaurantes de estilo modernista, más antiguos (1895) de Francia. Además de deslumbrarse con su decoración, hay que probar sus tostadas con caramelo salado.

un verano en Nantes
Galería Pommeraye, La Cigale, Le Pickles, Museo de Arte ©Ana María Pareja

Pero si de comer bien se trata hay que ir a Le Pickles. En él se mezclan productos regionales con sabores y texturas de lugares como Italia, África y las islas Británicas; creando platos llenos de creatividad. 

Este neo-bistró, dirigido por un chef inglés, hace parte de Les Tables de Nantes, una guía de restaurantes para descubrir todo el potencial culinario de la ciudad. Inspirado en la tierra y el mar, el universo gastronómico de Nantes se nutre de productos frescos locales; de hecho ocupa el primer lugar en superficie de cultivo ecológico de Francia. 

Surrealismo fluvial

Todo el despliegue creativo urbano de Nantes también fue trasladado a orillas del río Loira; otro de los protagonistas de la ciudad. El resultado es alucinante: 60 km y 32 obras al aire libre. Se trata del proyecto Estuaire, otro recorrido artístico que complementa la línea verde del Viaje a Nantes.

Por el estuario del Loira conviven una ‘villa chimenea’ a más de 15 metros de altura, un péndulo de 7 metros instalado en una antigua hormigonera, una serpiente de 120 m de longitud, una casa que se ‘ahoga’ en el río, o los famosos anillos luminosos de la Isla de Nantes. Todos ellos conjugan a la perfección la esencia de esta urbe: dinámica, moderna, sostenible y surrealista.

villa chimenea
Villa Chimenea ©Ana María Pareja

Aquí lo extraordinario se vuelve realidad. Es el resultado de más de 30 años de una transformación urbana que empezó tras el declive de los astilleros y que encontró en el arte urbano su motor turístico. 

Si leíste hasta el final (sé que era un texto largo) descubriste que un verano en Nantes está cargado de arte, historia, entretenimiento y buena comida. Y que es una escapada ideal para parejas, amigos o familias.

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